n8n vs Make: cuál elegir para tu empresa

Comparativa práctica de n8n y Make para PYMEs españolas: precios reales, facilidad de uso, integraciones y cuándo usar cada herramienta.

Quieres automatizar algo en tu empresa y te has encontrado con dos nombres que se repiten: n8n y Make. Ambas hacen cosas parecidas. Pero no son lo mismo, y elegir mal puede costarte tiempo y dinero. Aquí te cuento la diferencia real, sin rodeos.

De qué hablamos

n8n y Make son herramientas de automatización. Sirven para conectar aplicaciones entre sí y crear flujos que se ejecutan solos: cuando llega un email, envía una notificación; cuando se añade una fila en una hoja de cálculo, crea una tarea en el CRM; cuando un cliente rellena un formulario, actualiza la base de datos y manda un acuse de recibo.

El problema que resuelven es el mismo. Pero la forma en que lo resuelven, el precio y el perfil de usuario al que se adaptan mejor son distintos.

La diferencia de precio que nadie te explica bien

Make cobra por operación. Cada paso dentro de un flujo cuenta. Si tienes una automatización de 10 pasos que se ejecuta 1.000 veces al mes, Make registra 10.000 operaciones. Su plan gratuito incluye 1.000 operaciones mensuales, y los planes de pago empiezan desde 9 euros al mes.

n8n cobra por ejecución completa, no por cada paso. Ese mismo flujo de 10 pasos que se ejecuta 1.000 veces cuenta como 1.000 ejecuciones, no 10.000. En la nube, el plan de entrada cuesta 20 dólares al mes por 2.500 ejecuciones. Y si tienes capacidad técnica para autoalojarlo en un servidor propio, el coste puede bajar a 5-10 euros al mes.

Para flujos simples y poco frecuentes, Make es más económico. Para flujos complejos o con mucho volumen, n8n gana por goleada.

Facilidad de uso: la brecha real

Make está diseñado para que alguien sin conocimientos técnicos pueda montar su primera automatización en menos de una hora. La interfaz es visual, el flujo se construye conectando módulos como si fueran piezas, y tiene más de 2.400 integraciones listas para usar sin tocar ninguna configuración de API.

n8n también tiene interfaz visual, pero está pensado para perfiles con algo más de base técnica. Muchas integraciones requieren configurar credenciales manualmente o usar el nodo de petición HTTP cuando la conexión directa no existe. Tiene más de 400 integraciones nativas, menos que Make, pero la capacidad de extenderse con código es mucho mayor.

Dicho de forma directa: si en tu empresa no hay nadie que sepa leer un JSON o entender cómo funciona una API, Make es la opción más accesible. Si tienes o vas a contar con alguien técnico, n8n abre más puertas.

Cuándo usar cada uno

Usa Make si:

  • Quieres resultados rápidos sin formación técnica

  • Tus flujos conectan herramientas populares como Gmail, Google Sheets, HubSpot, Slack o Notion

  • El volumen de operaciones es bajo o los flujos son cortos

  • El equipo que va a gestionar la herramienta no tiene perfil técnico

Usa n8n si:

  • Necesitas flujos complejos con muchos pasos o lógica condicional avanzada

  • Quieres integrar IA de verdad en tus automatizaciones (Claude, GPT, Gemini, modelos locales)

  • El volumen crece y no quieres que el precio crezca con él

  • Tienes o contratas a alguien técnico para montarlo y mantenerlo

Lo que vemos desde IteraIA

Trabajamos con n8n como herramienta principal porque el perfil de proyectos que hacemos lo pide: flujos con lógica de IA, integraciones a medida y volúmenes que hacen que el modelo de precios por ejecución tenga mucho más sentido.

Pero no recomendamos n8n a todo el mundo. Si una empresa nos dice que quiere que su propio equipo gestione las automatizaciones de forma autónoma y sin apoyo técnico, Make es la respuesta más honesta. La herramienta correcta no es la más potente, es la que tu equipo va a poder usar de verdad.

Lo que sí tenemos claro es que ambas dejan atrás el argumento de que automatizar es caro o complicado. Por 9 euros al mes ya puedes tener procesos que se ejecutan solos. El coste ya no es el problema.

La decisión entre n8n y Make no es técnica. Es sobre quién va a construir los flujos y con qué frecuencia van a ejecutarse. Responde eso primero, y la elección se vuelve obvia.